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viernes, 23 de abril de 2010

PONGAMOS QUE HABLO DE JOAQUIN



Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado
ni, sobre mojado,
llueve todavía.
Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que, todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.


Joaquinito

martes, 21 de junio de 2011

El oficio de escribir en un conversatorio



CULTURA.- El escritor ecuatoriano Edwin Alcarás participará de un conversatorio sobre Periodismo y Literatura un oficio y una convicción desde la apuesta de la nueva narrativa en nuestro país.

A partir de las 18h30 de este viernes 24 de junio de 2011 en la Casa de la Cultura Núcleo de Cotopaxi se desarrollará el conversatorio sobre literatura y periodismo denominado “La literatura como un laberinto”.

El área de periodismo y literatura del núcleo en el marco de generar la movilidad cultural permanente ha organizado esta charla; Alcarás destacado joven escritor ecuatoriano ha sido periodista cultural por seis años en el diario El Comercio. Ahora es coordinador de espectáculos y sociedad en el diario Ultimas Noticias. Estudió Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador. Ha sido profesor invitado en la Universidad Andina Simón Bolívar. Es columnista de la revista Zoom. Relatos suyos han aparecido en la revista La Casa de la Casa de la Cultura ecuatoriana.

La obra “La tierra prometida” de Edwin Alcarás mereció el tercer lugar entre 34 manuscritos enviados desde todo el país al Primer Concurso Nacional de Literatura organizado por el Gobierno de la Provincia de Pichincha, en el pasado mes de junio de 2011; el jurado, formado por Abdón Ubidia, Eliécer Cárdenas y Raúl Pérez Torres, elogió el “equilibrio de los textos, la morosidad de su estilo, de gran riqueza metafórica, que prefigura a un novelista”. Participó de la delegación invitada a la Feria del Libro en Bogotá Colombia.


La tierra prometida, promete esconde guarda, expone libera. “Contextualizado este libro -dice Alcarás- es una suerte de laberinto escribirlo por ser el primero a suerte de otros escritores el estaba entrampado en la imperiosa necesidad de escribir sin poder hacerlo, esa urgencia era un impedimento; trabajo de nueve años de idas y vueltas donde hace tres años se hizo necesario y urgente.

El hecho de pensar y sentarse frente a la página en blanco y decir voy ha escribir literatura era una sentencia terrible y suficiente como para no escribir nada. La salida, el exit de ese laberinto es un cuento que se llama Canaán que trata de un periodista que no puede escribir”.

Tono liberador y alivio existencial de esa brutalidad con que la bulimia intelectual de querer saberlo todo, o más bien de entender esta realidad a secas y sin dopajes, escribir para vivir no es vivir de la escritura o viceversa.

Edmundo Rivera, Presidente del núcleo, expresó la invitación que está hecha a todo el público que desee asistir, sean colegas escritores, periodistas y lectores afables y comprometidos, este encuentro empezará a las 18h30 en la Casa de la Cultura.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LOS AÑOS



El martes pasado murió a los 50 años el escritor y poeta chileno Roberto Bolaño. Para muchos, ya era el mejor escritor latinoamericano de estos tiempos. Autor de culto durante buena parte de su vida, a partir del Premio Rómulo Gallegos que ganó con su novela Los detectives salvajes en 1998, su obra se empezó a convertir en objeto de devoción para más de una generación. En los últimos tiempos, además de las entusiastas bienvenidas que le brindaban medios como Libération y Le Monde y personalidades como Susan Sontag, algunos ya hasta jugaban con la idea de verlo recibir un Nobel. En la misma semana de su muerte, la periodista Mónica Maristain publicó en la edición mexicana de Playboy esta larga entrevista en la que Bolaño habla de todo: la literatura, sus años en la pobreza, su fe en los lectores, la gramática de los desesperados, el paraíso imaginario y el infierno tan temido.


Me parece verlo todavía, su rostro marcado a fuego
en el horizonte
Un muchacho hermoso y valiente
Un poeta latinoamericano
Un perdedor nada preocupado por el dinero
Un hijo de las clases medias
Un lector de Rimbaud y de Oquendo de Amat
Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra
Un lector de Enrique Lihn
Un tipo que se enamora locamente
y que al cabo de dos años está solo
pero piensa que no puede ser
que es imposible no acabar reuniéndose
otra vez con ella
Un vagabundo
Un pasaporte arrugado y manoseado y un sueño
que atraviesa puestos fronterizos
hundido en el légamo de su propia pesadilla
Un trabajador de temporada
Un santo selvático
Un poeta latinoamericano lejos de los poetas
latinoamericanos
Un tipo que folla y ama y vive aventuras agradables
y desagradables cada vez más lejos
del punto de partida
Un cuerpo azotado por el viento
Un cuento o una historia que casi todos han olvidado
Un tipo obstinado probablemente de sangre india
criolla o gallega
Una estatua que a veces sueña con volver a encontrar
el amor en una hora inesperada y terrible
Un lector de poesía
Un extranjero en Europa
Un hombre que pierde el pelo y los dientes
pero no el valor
Como si el valor valiera algo
Como si el valor fuera a devolverle
aquellos lejanos días de México
la juventud perdida y el amor
(Bueno, dijo, pongamos que acepto perder México y la juventud,
pero jamás el amor)
Un tipo con una extraña predisposición
a sobrevivir
Un poeta latinoamericano que al llegar la noche
se echa en su jergón y sueña
Un sueño maravilloso
que atraviesa países y años
Un sueño maravilloso
que atraviesa enfermedades y ausencias

Los perros románticos RB

martes, 2 de octubre de 2012

Periodismo de ficción

La ficción y la historia se escriben para corregir el porvenir, para labrar el cauce del río por el que navegará éste, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. La historia y la ficción se construyen con las respiraciones del pasado y reescriben un mundo que creemos haber perdido. Cada vez las fronteras entre los dos géneros son menos claras.

El oficio de la escritura en ciernes permite poco tiempo para la reflexión, los condicionantes de la brevedad y la veracidad son cada vez desnutridos y ocasionales; este resultado no pretende en lo más mínimo la justificación la típica charlatanería sobre la ética o la deontología primaria del periodismo. Mas bien la queja general en el país, por ser menos incisivo en las localidades, carece del compromiso, la defensa, el ultraísmo o el “periodismo de investigación” a secas; Manuel Vicen confirma que “[...] ahora el periodismo ya es ficción. La sobreinformación que tenemos hace que lo que se sabe del mundo ya no sea real. Pero dentro de cien años, el que quiera saber lo que somos ya no tendrá que leer novela, porque el alma o la almendra de estos días es el periodismo. Una novela no puede competir con el telediario.”


La crónica, la entrevista, son géneros poco frecuentes por el oficio; al parecer la brevedad hace que nada trascienda incluso la “espectacularización” de la noticia convierte tan light todo lo escrito, o al extremo lo convierte en un síndrome social como el Alzheimer.

Durante el amanecer de la década de los 60, en América Latina y Estados Unidos comenzaron a publicarse relatos apegados fielmente a la realidad, pero narrados al estilo de una novela o de un cuento. Bajo el impulso de autores como el argentino Rodolfo Walsh con Operación Masacre (1957) y el estadounidense Truman Capote con A Sangre Fría (1965), surgió esa corriente narrativa conocida como Nuevo Periodismo, Periodismo Literario o Periodismo Narrativo.

La formación del periodista en cambio exigirá, más allá de la iniciativa de lo común en cultura general, que se conozca por lo menos la obra de Capote, y si seríamos más generosos con la construcción de la identidad los ensayos, o narrativa de Atanasio Viteri, la poesía descriptiva de Juan Abel Echeverría, por citas a palo de ciego, es decir por antonomasia.


Los Nuevos Periodistas que se sumergen donde pasan cosas, han de tomar contacto con desconocidos, se meten en sus vidas de alguna manera, hacen preguntas a las que no tienen derecho natural a una respuesta, pretenden ver cosas que no se tienen que ver, le esta dado ese premio así como la reivindicación en la palabra dicha.


lunes, 17 de febrero de 2014

AÑO CORTAZAR

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ESTE año mi hermano Julio Denis cumplirá cien años de haber vivido,
Sí. Magullado por la luz
bañado por tanta infancia;
y quién puede decir que ya no está entre nosotros
que el pudor de la muerte no permite pronunciar su nombre
su seudónimo,
quise conocer como era de verdad un Poeta,
aunque sea menor de las antologías,
un poeta como él, cómplice y huraño,
lo busque afiebrado entre el exilio y la memoria;
entre la enfermedad y la serenidad del silencio.

Llueve, me empapo, la tos me deja contra las cuerdas como su cuento
Como ese grillo que perfuma la noche
Como esa esperanza de corazón herido
Lánguido tropel de mentiras
Que no puede ser más cruel que la sandez humana.

Que ha de hacer sino la palabra en manos de mi hermano:
Todas las armas, todas las luchas,

Todos los abrazos y las bienvenidas,
Entre la decisión de partir y el amor a cuenta gotas
Porque ha de callar el alfabeto de esta ausencia hermano,
Nos queda de otra
La forma de resistir ante la opresión, la privación, la masacre,
La misma ruidosa y apática sentencia del olvido.

Las cosas al caer, el chirrear de las bisagras de la puerta cancel
De las gentes que nunca querrán aceptarte,
La petulancia el jolgorio,
La ciudad apartada
La partida
La vuelta
La impune palabra atragantada en la tisis y el vómito

Este año cumplirás cien
Y no quiero más que acordarme que existís, que no es mentira
Que hayas vuelto a ronronear por el tejado celeste
A despertar a Fafner la dragona colosal
A disparar la cámara y atrapar la vida
A tu afrancesado gutural de pronunciar mil veces “Rayuela”
A poner un disco de Parker,
A tararear la canción de Solentiname

Bajas entonces las escaleras por el espinazo de un dragón dormido
T cuesta respirar así como a mi
Y se entonces que la muerte es innecesaria
Que la enfermedad tanto como el desamor son la misma cosa
Un presagio para morir
Una conciencia de que a lo lejos alguien dispara a matar,
El sollozo de un preso que sueña en la vuelta.

Julio vive.

Todos somos Julio, los Julios.
No hay nadie Enormísimo Cronopio
Hay palabras aulla
ntes, desatadas, ecos, sospechas,
Cimientos y bóvedas

viernes, 30 de julio de 2010



vi


...sólo eran falsas las circunstancias,
la hora y uno o dos nombres propios.
j. l. Borges


Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre.
Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.


Pie de página:

Buenos Aires, Luna Parck abril 19....

Retiré torpemente mi atención de la lectura, porfié cerrando los ojos el recuerdo de sus rizos, una tela de Renoir pintada en 1897, logré repetir una encíclica de Shakespeare en su inglés natal:

"Speak what you feel, not what we ought to"

Transcribí un poema de Ovidio en su sánscrito sedicioso y elemental: Carpe Diem; declaré mi nombradía subido al púlpito de un sueño de Marcel Proust; repetí mi índice inclinado sobre un atlas del siglo XVII para ubicar una calle en Ámsterdam. No quise entender que era eso que nacía en mitad de mi estómago luego de releer en silencio a Bolaño. Escribí su nombre en una carta de enero de 1714 y miré todo un álbum de daguerrotipos rememorando una película de Luis Buñuel (los olvidados) encontrándome aun niño sobre el patio de esa casa en la ciudad de Milán.
Descorrí la cortina y el cielo era de Estambul, sabía que su cintura era pequeña, que dormimos juntos la noche anterior, que dos denarios equivalían a la quinta parte de la traición de Judas el Izcariote.
Una mañana la encontré acicalando su cabello siendo irrepetible su hermosura que desfallecí peligrando al pensar que la perdería. La perdí.
Comulgué con la logia de una comunidad secreta del siglo XIX que dispuso la creación de un hombre de la talla de Lazarus Morell y Jak the disembowel. Atiné sobre una cartulina el carboncillo de su cuerpo desnudo alumbrado levemente por un candil de combustible en un barco con destino a Irlanda del norte. Huyendo tal vez. En una playa de Cádiz suspendí mi pesquisa al percatarme de que sus huellas se detenían a escasos metros de mí y era natural que para ese encuentro las flores se hayan marchitado que mis palabras callen en un efusivo abrazo y se disloque una fatalidad que el amor sea nombrado sólo con las lágrimas.
En Arles un buen hombre me preguntó ¿qué era el amor? Y sin darle respuesta erré las calles de un laberinto que simulaba París y me encontré con Vallejo, Lautremount, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, en una taberna de Montparnasse libando en torno de un recuerdo no mayor que su infancia.
Me acordé de usted al arribar a un aeropuerto en Madagascar, recordé con detalle las expresiones de su rostro luego de mis besos al son de un aire gitano en la estación de Atocha. En Manhatan lloré amargamente al recordar la sonrisa huidiza de una limeña que abandonaba su casa a sus siete años aferrada a su suerte, Edhelinna, de cuyo nombre guardo un extraño parentesco con los libros de cabecera.

En la primera página de un libro de Roberto Arlt transcribo una declaración de amor para decirla cuando la mire: (a todas horas y mientras dure)

Tú eres todo lo que tengo
Desde que perdí mi tristeza.
Odas elementales de Neptalí Reyes. 1973.

Sedicioso o no, Darwin, he tramitado sin principios de ley mi gratitud a la lealtad y la admiración mutua en la que se ha basado esta amistad. A vísperas de tu aniversario he terminado de leer una carta escrita en Montevideo por ese genio inadvertido del cual sondeo mis alegatos para exponértelo, ese Juan Carlos Onetti, a propósito de Roberto Arlt: (cuenta)
1) Una mañana sus compañeros de trabajo lo contrataron en la redacción (era otro diario, Crítica, donde Arlt estaba encargado de la sección "Policiales") con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. A las preguntas, a las angustias, contestó: "¿Pero no ven la flor? ¡ No se dan cuenta que se está muriendo?"

La vida es un bello arrebato que sufija un momento que converge en todos los momentos. Yo no sé de cierto en su ley causal, pero de algo estoy seguro, por doquiera que husmeamos nos topamos con sorpresas gratas, con compromisos que nos marcan, con palabras que nos reconfortan, con cuerpos de mujeres que amamos y que prometen quedarse y no las dejamos, con un verso copiado a limpio para iniciar una carta posfechada para nuestros padres, nos encontramos con amigos que de a poco se despiden que nunca prometen, con un niño que juega a ser nosotros, con cada maravilla. A mis adentros recuerdo una cisterna en la parte alta de mi casa, mis amigos imaginarios mentando una partida de damas chinas, la hazaña del librito de aventuras, Salgari, Verne, Allan Poe.

Alguna mentira piadosa refrescaría tu memoria. Pero no es mi trato. Te cuento verdades. Iluminaciones. Te escribo desde Buenos Aires a escasos días de mayo de este año holgazán, la ciudad un poco extraña, el libro de bitácora que lo tomé de tu librero desmiente que no se pueda vivir en el exilio, me ha alegrado en demasía, hoy por la noche tomaré el ferro hasta Capital y me tomaré unos tragos a tu nombre. Rememoraré las tertulias sabáticas entre café y cigarrillos de Eliseo Diego, Jorge Edwars y Reinaldo Arenas, acabaré en el colchón de un ave de paso, me sentiré feliz.

No se puede desmentir lo que se cree a razón de lo que se sienta. No se debe, eso sería negarse, torcer nuestro propósito humano olvidarse por completo de lo que somos. A vuelta de correo te mando una postal de la ciudad y esa nota Arltiana escrita en el juguete rabioso, libro que es de un talante selecto y para unos pocos escogidos, no todos Darwin, tenemos el privilegio que poseemos, eso es un avance.

Me dan ganas y no las aguanto, harto escruto lo que el monstruo Danés sentía en su habitación de Arles escribiendo sus cartas a su hermano Teho, contándole con un espíritu prosaico y cosmopolita su vida, de que otra manera podríamos llamarla sino: vida. Una mañana sumido en su miseria y abandono total confiesa a su hermano Teho: la verdadera Universidad de la vida es esta, la fragilidad con que el hombre lucha por merecer un aliento para seguir ante tanta adversidad, hace unos días cambié el cuadro de la cena por un par de patatas, y he manuscrito el boceto de esas patatas para cambiarlas por más comida, la miseria, esa, es la verdadera universidad de la vida Teho. Sólo en el dolor absoluto y en el abandono total un hombre se necesita, primario y elemental, se reconoce, pervive, supervive, reivindica su propósito, se vuelve más humano, en vano profesaríamos nuestras codicias intelectuales si no entendemos esto.

Imagino entonces que ha esta hora en otro día circunstancial pegaras tu cabeza a la almohada y que no te de pánico el que te ataquen las preguntas sin respuesta, el fracaso, la mísera consideración del destino, la falsía de la gloria, su falacia, que nadie te prometa Darwin, por que el que promete tiene algo de divino y nosotros, en tal caso somos oligarcas.

Espero vernos pronto, manténme al tanto de la situación. Espero noticias tuyas. Un abrazo:

viernes, 23 de abril de 2010

COMO UN DOLOR DE MUELAS ALIVIADO



Esta carta fue escrita por Marcos, en un arrebato impostergable y único; el amor acaece,se va dando de ratos único, y se convierte en canción.


18 de Octubre de 1996 (como a las no sé cuántas de la madrugada)
A: Joaquín Sabina Planeta Tierra
De: Subcomandante Insurgente Marcos CCRI-CG del EZLN Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas México

Don Sabina:
Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un "palomazo" con el Sup (a larga distancia, se entiende).

¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muelas con el "palomazo"? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina.

Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca, conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres. "Mira muchacho" me dijo, "la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fijate que digo 'una mujer' y no 'cualquier mujer'. Y por 'una mujer', muchacho, me estoy refiriendo a una de 'única'. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa 'una mujer' que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la 'una mujer' que estaba uno buscando." El viejo carraspeó y me confió: "Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la 'una mujer' que andabas buscando". Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer. A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara solo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa "una mujer" me encontrara a mí, que a buscarla yo. A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros. Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo: "Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso, a menos que sean cantantes".

"¿Cantantes?" Bueno, esta nueva fórmula les daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas). Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante. Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor, ya que una cosa era ser "cantante" y otra más difícil era ser "cantautor" o "canta-autor" (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música.

Resulta que (vos lo sabés, Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos:

"Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (Vamos, quita ya esa cara de espanto! Ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original. Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y solo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el "hit parade" internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho). En este caso particular, a mí solo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima. El poema dice, más o menos, así:

"Como si llegaran a buen puerto mis ansias,
como si hubiera donde hacerse fuerte,
como si hubiera por fin destino para mis pasos,
como si encontrara mi verdad primera,
como traerse al hoy cada mañana,
como un suspiro profundo y quedo,
como un dolor de muelas aliviado,
como lo imposible por fin hecho,
como si alguien de veras me quisiera,
como si, al fin, un buen poema me saliera.
Llegar a ti."

La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara-tararira-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser "Canción para una muchacha que está demasiado lejos", o "Un dolor de muelas para ella", o "Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup". En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser "Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina", o "Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)" o como quieras. Vale.

Salud y ojalá ella entienda... El Sup."

Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina. Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos.

Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe...
Desde las montañas del sureste mexicano.

México, octubre de 1996