lunes, 13 de septiembre de 2010

La cangahua natal y la invención de Macondo


El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Cien años de soledad
Gabriel García Márquez


Hacía 1870 en este lugar entre la quebrada de agua de la hacienda Joseguangos entre los juncos y chaquiñanes sus habitantes, antepasados, bordeaban los límites, era entonces una aldea de veinte casas de barro y paja construidos al filo de la hacienda.

Todos los pueblos del mundo mucho antes de su reconocimiento o pomposa nombradía en la gran historia, sopesaron su anonimato en la modestísima labor de construir desde el esfuerzo su identidad. La constitución de esta plaza sólo pudo darse producto de la filantropía, la mancomunidad, la minga, la solidaridad, esta actitud predecesora y primigenia, cualidad que sobresale en la fibra más intima del lugareño por su bondad y hospitalidad, ha sido el reflejo digno y relevante de esta comunidad.

Para comienzos del siglo XX, Lucinda Reisancho como respuesta a un hecho trascendental en la religiosidad del pueblo presenció lo que hasta hoy a sido motivo de múltiples peregrinaciones desde un sinfín de lugares del Ecuador y del mundo, el milagro de la Santísima Cruz; en ese desprendimiento junto a Agapito Rocha, decidieron donar estas tierras, en lo que era conocido como Capilla Pampa.

Para ello fue realizada una construcción muy rústica, un toldo hecho con ramas de eucalipto, a lado del domicilio de Carmelo Toapanta, sitio donde albergaron durante los días de construcción de la iglesia la imagen de la Santísima Cruz. La construcción de esta capilla demandó la suma de voluntades entorno de la convicción religiosa a la poderosa imagen, cabe indicar que coincidencialmente las campañas independentistas y liberales surcaron su trajín por el camino real, como paso obligado por estos pueblos, Mulaló vio pasar a las tropas de Sucre en su camino hacia la laureada batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822, donde varios aguerridos mulalenses se sumaron al tropel; la escena liberal de inicios del siglo XX que finiquitó el triunfo de Eloy Alfaro en la batalla del Chasqui también protagonizó a estos pueblos como testigos.

Mis antepasados, abuelos y padres, vivieron un tramo mínimo de la historia de esta tierra. Auparon su esfuerzo por mejores días sumados al brío de cada uno de los hombres y mujeres que merecen el significativo de hijos. Luego su éxodo los bordearía, como a otros, a salir del pueblo y forjar mejores jornadas en las ciudades. Familias enteras que demostraron honestidad y servicio a favor del progreso. Mingas, expresiones de solidaridad entre las gentes; líderes campesinos, que por antonomasia siguieron fervientes el sendero de ser ejemplo y estima de entre todos los barrios de la Parroquia de Mulaló. Joseguango es sin duda alguna una postal, un paraíso, cuyos habitantes a merced de sus atributos se muestran amables y cordiales con los foráneos. A escasos kilómetros del majestuoso Cotopaxi, es sin duda un privilegio vivir en esta comarca.

A Luz Edelina Heredia y Faustino Rengifo Calvache, mis bien amados antepasados, debo mi afortunada referencia para compilar una serie de informaciones emitidas a lo largo de varios años sobre este particular, oralidades que guardo celosamente y que, de buena fuente, merecen ser publicadas y expuestas a la comunidad y a los anales de la historia de la provincia y el país.

Así mismo refiero el valiosísimo aporte de historiadores connotados quienes han entregado sus vidas al estudio de la Historia Nacional, a Franklin Barriga López cronista de Latacunga, a Marco Karolys Baca, estudioso e investigador nato de la historia latacungueña, a Fernando Jurado Noboa, experimentado miembro de la SAG (Sociedad de Amigos de la Genealogía) y de la Academia Nacional de Historia, a Rodrigo Campaña Escobar, profesor, investigador y arqueólogo; amigos ellos, quienes me han guiado y motivado a seguir con esta investigación con aportes bibliográficos, revisión de archivos particulares; a Paúl García Lanas, a Tito Gutiérrez Estrada, e Iván Berrazueta, miembros correspondientes de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, a Francisco Ulloa Enríquez, Asambleísta de la Provincia y grato cómplice en la investigación de este hermoso lugar del mundo donde nos ha tocado vivir. A instituciones públicas y privadas como el Archivo Nacional, Archivo Jesuita Aurelio Espinosa Pólit de Cotocollao, Archivo de la Curia de la Diócesis de Latacunga, Archivo Municipal, gracias a Monseñor Victoriano Naranjo, a Monseñor Edmundo Viteri, a Monseñor Claudio Guerrero, al Padre Guillermo Rivera, al Padre Giuseppe Valaguzza.

La cultura de los pueblos merece la atención principal de sus habitantes, pues ésta genera el dínamo de su identidad, que no es otra cosa que el amor propio por lo que somos. Especial reconocimiento refiero a Flavio Adán Rengifo Heredia, mi padre, quien con espíritu altruista entregó su dedicación a la configuración definitiva de la tradicional Fiesta de la Capitanía de la Santísima Cruz, a la memoria de Don Juan José y Darío Rocha, de Isidoro Bustillos, de las familias Bungacho, Yánez, Taipicaña, Quimbita, Toapanta; y demás anónimos y recordados amigos. A la Directiva del Barrio 2010 - 2011 quienes visionarios de este proyecto dejan cimentadas las bases de la identidad de los que han nacido en esta tierra.

Durante varios años dedique mi investigación a este barrio rural de Latacunga que acogió en su seno a mi familia, brindándoles el amor y el cariño propio del vecindario rural. Considerado como mi Macondo, mi Comala, este lugar en el que aprendí con insistencia el valor de la palabra, esa convicción atinada que ahora persiste en la labor perenne de volver a tener patria, ese activismo cultural, y la tesis sobre la ternura del conocimiento, porque cuando me convidaron y contaron los cuentos y las cosas pasadas apegado a la ternura de mi abuela, al consejo de mi familia, aprendí aquello de que se debe amar lo que bien se conoce, que el exilio es la desmemoria, que el olvido es la ingratitud.

Y hemos coincidido y nos enorgullece saber que los verdaderos hijos del pueblo cuyo gran abolengo es la sencillez, la honestidad, el trabajo, y esos valores que las grandes urbes perdieron en su desmemoria, nos representan ahora, todos cuantos desde sus pueblos sumaron esa connotación maravillosa de decir la cangahua natal, el lugar mío, donde siempre se vuelve.

lunes, 6 de septiembre de 2010

DISCURSO DE INCORPORACIÓN COMO MIEMBRO CORRESPONDIENTE DE LA CASA DE LA CULTURA BENJAMIN CARRIÓN NUCLEO DE COTOPAXI


QUERIDOS HERMANOS EN LA CULTURA

“Seamos cultos, seamos bellos, seamos libres.”
Eugenio de Santa Cruz y Espejo


Tengo la honradísima encomienda de intervenir a nombre de quienes en este acto solemne nos incorporarnos como miembros correspondientes de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, a nombre de Gladis Jara, Ramón Guato, César Ruiz, Ángel Corral Mantilla, Francisco Ulloa Enríquez y el mío.

La hora ecuatoriana redefine su identidad mirándonos de cerca y de memoria, a doscientos años de las acciones rebeldes de las Alcabalas, la ignominia provocada en el sacrificio de los mártires del 2 de agosto de 1810, Espejo, Olmedo, Rocafuerte, Montalvo… los libertadores del 6 de marzo de 1845 y de todo acto que surgió para reafirmar la defensa, la integridad, la libertad y la conciencia de ser ecuatorianos, de ser ciudadanos de la patria, sigue latente la frase de Chusig: ¡seamos!.

El Bicentenario puede ser usado para reinventar el pasado ni tergiversar la historia, esta fecha debería ser otra cosa. El rescate indeclinable de los principios de libertad e igualdad, el compromiso permanente con la democracia y el derecho de todos en declararnos en rebeldía ante cualquier intento de uso arbitrario del poder.

En esa coincidencia señores mítico Sísifo acarreando la cultura a cuestas, infinitamente hacia el porvenir, inclaudicable labor que hace décadas se cristalizó en el pensamiento del ilustrísimo anfitrión, Don Benjamín Carrión.

Nos cobijamos al amparo de los pilares fundamentales de esta Casa, en efecto, Carrión en su libro "Cartas al Ecuador" (y de manera particular en su séptima carta) propuso la patriótica tarea de devolverle al País la autoestima y para ello la consigna de "volver a tener Patria" se constituyó en una ferviente convocatoria social y política que, años más tarde, desembocó, -desde luego también debido a otros factores y acontecimientos-, en las jornadas de mayo del año de 1944 que derrocaron al régimen arroísta, mientras se constituyó un gobierno que provocó enormes expectativas de cambio y transformación. En aquel periodo, como dijera Benjamín Carrión, "en obedecimiento de este mandato ineludible, el de volver a tener Patria, se concibió la fundación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en la perspectiva de consolidar la nación pequeña llamada a poseer Cultura y Libertad..." Entonces se abrió un horizonte en la vida de los ecuatorianos, horizonte que, en más de una oportunidad, se ha llenado de nubarrones provocados por los trápalas que, desde una mesa bien servida, han gobernado al país sustentando la tesis de la dependencia y favoreciendo el desarrollo de políticas económicas y sociales a favor de grupos minoritarios y excluyentes.

El auditorio averiguará por la edad que tengo, y la argucia de mi posición; detenido entonces pienso en el azar, en la ocasional operación algebraica del tiempo cuando en un evento floral llevado en Loja, un Pablo Palacio niño era laureado por el joven Benjamín Carrión; años después en Quito, los dos monstruos de la cultura ecuatoriana recordarían este inusual encuentro que ahora pertenecía a una lógica afable, seguir acarreando la cultura ante la adversidad y la acefalía.

Si es verdad que no existí esos años estoy completamente seguro que al igual que todos ustedes los viví, y pertenezco a ellos. Este grado iniciático al que refiero es el compromiso que el ser humano concibe sobre si mismo, aún no logro concebir como se le puede llamar a aquel ser humano que no vive en lo que ama, y no es condescendiente en lo que defiende o nombra.


Sigo pensando que ese azar corroe el acero del tiempo, entonces conmemoro las conversaciones extensas con Marco Antonio Rodríguez, nuestro actual Presidente, que si la memoria me lo permite en ese entonces yo era su alumno universitario y el mi maestro , ahora amparados a los nuevos días hermanados a este linaje, la cultura.

El esfuerzo de Carrión si bien fue trascendente y poseyó, en su momento, el eco indispensable en la comunidad ecuatoriana, no siempre se mantuvo latente debido a que el país ha soportado, en el último medio siglo, una vertiginosa vida en donde la concurrencia de factores negativos provocaron en la cotidianidad del común de los ciudadanos decepciones cada vez mayores y, por ende, la consiguiente abulia social.

No se si hubo un antes o un después, las ciudades tienen sus tiempos comunicantes, el latacungueño es escrupuloso por antonomasia, callado, minimalista. Poco o casi nada se sabe de su historia, la mayoría escribió esos anales a merced del tumultuoso paso del tiempo, fue llamada a su tiempo hospitalaria, referida ha un manuscrito rubricado por el libertador Simón Bolívar en una carta a Sucre y su paso por la ciudad.

El tiempo que nos ha tocado vivir no es un post, un luego, aunque ese esbirro posmoderno que no es un luego de la modernidad sino un estado de ánimo parecido al espectáculo de un cuadro de Paúl Eluard, signó a esta parcela del universo paradigmas fulminantes de sosiego y esperanza. Me hubiese gustado estrechar la mano de un Atanasio Viteri, de Félix Valencia, de Belisario Quevedo, de poetas, escritores e intelectuales mayúsculos de las letras vivas de esta provincia.

A mi generación le ha tocado vivir el oleaje transitorio de las despedidas, y aferrados a la sola convicción de defender la cultura y su plural, ligeros y desabrochados de camisa con el corazón hemos despedido al Turquito Indio, Jorge Enrique Adoum, a Mario Benedetti, a José Saramago, a Carlos Monsivais, regios intelectuales que sentenciaron al unísono que la única defensa ante la muerte es el amor, corresponde a ese amor la lealtad hacia uno mismo.

“Tenemos que ser un pueblo grande en los ámbitos de la espiritualidad, de la ética, de la solidez institucional, de la vida tranquila y pulcra” tenemos que reconocer que esa integridad es un deber a la lealtad por sobre todas las cosas. Sin lealtad no existe convicción ni libertad.

Queda mucho por hacer en la obra de edificación del hombre ecuatoriano. En la obra de edificación del Ecuador. Y esa es la misión, esa la obra de todos, hoy como nunca premiosa, hoy como nunca ineludible.

Corresponde esa noción urgente de volver a tener patria.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

SEÑORAS Y SEÑORES

Miguelángel Rengifo Robayo

viernes, 30 de julio de 2010



vi


...sólo eran falsas las circunstancias,
la hora y uno o dos nombres propios.
j. l. Borges


Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre.
Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.


Pie de página:

Buenos Aires, Luna Parck abril 19....

Retiré torpemente mi atención de la lectura, porfié cerrando los ojos el recuerdo de sus rizos, una tela de Renoir pintada en 1897, logré repetir una encíclica de Shakespeare en su inglés natal:

"Speak what you feel, not what we ought to"

Transcribí un poema de Ovidio en su sánscrito sedicioso y elemental: Carpe Diem; declaré mi nombradía subido al púlpito de un sueño de Marcel Proust; repetí mi índice inclinado sobre un atlas del siglo XVII para ubicar una calle en Ámsterdam. No quise entender que era eso que nacía en mitad de mi estómago luego de releer en silencio a Bolaño. Escribí su nombre en una carta de enero de 1714 y miré todo un álbum de daguerrotipos rememorando una película de Luis Buñuel (los olvidados) encontrándome aun niño sobre el patio de esa casa en la ciudad de Milán.
Descorrí la cortina y el cielo era de Estambul, sabía que su cintura era pequeña, que dormimos juntos la noche anterior, que dos denarios equivalían a la quinta parte de la traición de Judas el Izcariote.
Una mañana la encontré acicalando su cabello siendo irrepetible su hermosura que desfallecí peligrando al pensar que la perdería. La perdí.
Comulgué con la logia de una comunidad secreta del siglo XIX que dispuso la creación de un hombre de la talla de Lazarus Morell y Jak the disembowel. Atiné sobre una cartulina el carboncillo de su cuerpo desnudo alumbrado levemente por un candil de combustible en un barco con destino a Irlanda del norte. Huyendo tal vez. En una playa de Cádiz suspendí mi pesquisa al percatarme de que sus huellas se detenían a escasos metros de mí y era natural que para ese encuentro las flores se hayan marchitado que mis palabras callen en un efusivo abrazo y se disloque una fatalidad que el amor sea nombrado sólo con las lágrimas.
En Arles un buen hombre me preguntó ¿qué era el amor? Y sin darle respuesta erré las calles de un laberinto que simulaba París y me encontré con Vallejo, Lautremount, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, en una taberna de Montparnasse libando en torno de un recuerdo no mayor que su infancia.
Me acordé de usted al arribar a un aeropuerto en Madagascar, recordé con detalle las expresiones de su rostro luego de mis besos al son de un aire gitano en la estación de Atocha. En Manhatan lloré amargamente al recordar la sonrisa huidiza de una limeña que abandonaba su casa a sus siete años aferrada a su suerte, Edhelinna, de cuyo nombre guardo un extraño parentesco con los libros de cabecera.

En la primera página de un libro de Roberto Arlt transcribo una declaración de amor para decirla cuando la mire: (a todas horas y mientras dure)

Tú eres todo lo que tengo
Desde que perdí mi tristeza.
Odas elementales de Neptalí Reyes. 1973.

Sedicioso o no, Darwin, he tramitado sin principios de ley mi gratitud a la lealtad y la admiración mutua en la que se ha basado esta amistad. A vísperas de tu aniversario he terminado de leer una carta escrita en Montevideo por ese genio inadvertido del cual sondeo mis alegatos para exponértelo, ese Juan Carlos Onetti, a propósito de Roberto Arlt: (cuenta)
1) Una mañana sus compañeros de trabajo lo contrataron en la redacción (era otro diario, Crítica, donde Arlt estaba encargado de la sección "Policiales") con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. A las preguntas, a las angustias, contestó: "¿Pero no ven la flor? ¡ No se dan cuenta que se está muriendo?"

La vida es un bello arrebato que sufija un momento que converge en todos los momentos. Yo no sé de cierto en su ley causal, pero de algo estoy seguro, por doquiera que husmeamos nos topamos con sorpresas gratas, con compromisos que nos marcan, con palabras que nos reconfortan, con cuerpos de mujeres que amamos y que prometen quedarse y no las dejamos, con un verso copiado a limpio para iniciar una carta posfechada para nuestros padres, nos encontramos con amigos que de a poco se despiden que nunca prometen, con un niño que juega a ser nosotros, con cada maravilla. A mis adentros recuerdo una cisterna en la parte alta de mi casa, mis amigos imaginarios mentando una partida de damas chinas, la hazaña del librito de aventuras, Salgari, Verne, Allan Poe.

Alguna mentira piadosa refrescaría tu memoria. Pero no es mi trato. Te cuento verdades. Iluminaciones. Te escribo desde Buenos Aires a escasos días de mayo de este año holgazán, la ciudad un poco extraña, el libro de bitácora que lo tomé de tu librero desmiente que no se pueda vivir en el exilio, me ha alegrado en demasía, hoy por la noche tomaré el ferro hasta Capital y me tomaré unos tragos a tu nombre. Rememoraré las tertulias sabáticas entre café y cigarrillos de Eliseo Diego, Jorge Edwars y Reinaldo Arenas, acabaré en el colchón de un ave de paso, me sentiré feliz.

No se puede desmentir lo que se cree a razón de lo que se sienta. No se debe, eso sería negarse, torcer nuestro propósito humano olvidarse por completo de lo que somos. A vuelta de correo te mando una postal de la ciudad y esa nota Arltiana escrita en el juguete rabioso, libro que es de un talante selecto y para unos pocos escogidos, no todos Darwin, tenemos el privilegio que poseemos, eso es un avance.

Me dan ganas y no las aguanto, harto escruto lo que el monstruo Danés sentía en su habitación de Arles escribiendo sus cartas a su hermano Teho, contándole con un espíritu prosaico y cosmopolita su vida, de que otra manera podríamos llamarla sino: vida. Una mañana sumido en su miseria y abandono total confiesa a su hermano Teho: la verdadera Universidad de la vida es esta, la fragilidad con que el hombre lucha por merecer un aliento para seguir ante tanta adversidad, hace unos días cambié el cuadro de la cena por un par de patatas, y he manuscrito el boceto de esas patatas para cambiarlas por más comida, la miseria, esa, es la verdadera universidad de la vida Teho. Sólo en el dolor absoluto y en el abandono total un hombre se necesita, primario y elemental, se reconoce, pervive, supervive, reivindica su propósito, se vuelve más humano, en vano profesaríamos nuestras codicias intelectuales si no entendemos esto.

Imagino entonces que ha esta hora en otro día circunstancial pegaras tu cabeza a la almohada y que no te de pánico el que te ataquen las preguntas sin respuesta, el fracaso, la mísera consideración del destino, la falsía de la gloria, su falacia, que nadie te prometa Darwin, por que el que promete tiene algo de divino y nosotros, en tal caso somos oligarcas.

Espero vernos pronto, manténme al tanto de la situación. Espero noticias tuyas. Un abrazo:

martes, 27 de julio de 2010

DANAÉ Y EL ORNITORRINCO




xx

Vittorio sentado frente a la Casa Rosada recordó un pasaje poco casual de su infancia, se percató de un pasador desatado, una calle de polvo, una vereda en Rosario, Lina, su madre haciéndole señas desde lejos, el sabor de los besos de Jóse, la desaparición de Danaé, el cuadro de Gustav Klimt, lo profeso de su espera, una cuerda zafada de un violoncelo desafinando la ópera, los ojos de Gilda, un gato acicalándose pacientemente junto a las palomas, el temor por la lluvia, su fobia a las ambulancias, miró miles de hojas volantes de los desaparecidos, el indulto.

Si el tiempo fuera lo que dicen: un lápiz de carbón avanzando estrepitosamente sobre una hoja blanca con rasgos de rostros dibujados en mitad de la oscuridad.

Ella lo dijo: cuando cerramos los ojos sentimos como el tiempo transcurre, como se dilata, se escurre, entonces comprendemos que la distancia entre decir estoy y estuve es aceptar el vacío, es un abismo que se topa con las manos estiradas, levantándose, de puntillas. El amor es…

Por el contorno de la Plaza de Mayo hay un letrero legible para mis gafas, a escasos metros de la farola en letras negras dice: AQUÍ NO ES, y aunque la negativa sorprendía al más lúcido la liturgia de crear al otro era inútil, resurgía desde su angustia, cabizbajo, escéptico, demorándose en cada letra, subiendo y bajando, como releyendo con el dedo, apropiándose de cada letra, así, Vittorio, entumecido el corazón, divisó la nomenclatura de la calle adyacente, se inclinó de súbito, detenido ante la operación aparentemente más sencilla de un humano le inundó el terror de las simples operaciones, arrancar una flor, cruzar una calle, ir al cine, besar, respirar, tocar el violín; se incorporó aún con los cordones desatados y miró en el cielo dibujadas las partituras de Op. Nº25 de Chopin para violín y en toda esa música un enorme dragón rojo de siete cabezas descendía antes que el olvido lo envuelva todo.

xxi



…Cuando nuestros nombres ya nada signifiquen (…)
Roberto Bolaños


Cómo puedes comprender que Bolaño esté muerto como dicen los diarios.

Da lo mismo estar aquí en Buenos Aires, en Santiago, pasearme por Orange City, en el Park the Priscentong, Nueva York, leer un párrafo completo de Putas asesinas y afirmar con la cabeza, visitar a la Guadalupana, Ciudad Juárez, el D.F., desayunar temprano donde iban los Detectives Salvajes, porfiar el clacksong a la puerta de Octavio Paz; deambular sin preocupaciones por Montmartre, por Hamburgo, estar allá, aquí, da lo mismo, sí que lo da; lo que en realidad no es lo mismo y a mi me pasa, es que él esta muerto, lo he leído en el diario y me ha dado un luto enorme, porque me robe un par de palabras para dedicarlas a ella: a Dánae, ella, y Dánae sea ella, y ella sea ella. Y no es lo mismo que aquí sea allá y Bolaño haya dejado un libro inconcluso y yo quiera abnegadamente pasear nuevamente con Dánae por la plaza y contarle que mi desconocido amigo Bolaño no está, que no es lo mismo. Mientras ahora espere que venga para irnos al cine y espere en vano, y llueva, y yo llore: por Dánae, por Bolaño, por ella.


Capital Federal Buenos Aires Verano de 2003, algún olvido 2007.

lunes, 26 de julio de 2010

SIN PALABRAS



Amaneció, y me encontré con que emprendiste un largo viaje
Mi corazón se te escapo del equipaje
Y se quedo fue pa llenarme de recuerdos

Amaneció, y el gallo viejo que cantaba en la ventana
Hoy no canto, pues tú no abriste en la mañana
Y hasta el viento se devolvió porque no estabas

Eres el arroyito que baña mi cabaña
Eres el negativo de la foto de mi alma
Eres agua bendita que crece en mi cultivo
Eres ese rayito que me calienta el nido

Atardeció, y el corazón abre su álbum en silencio
Un acordeón le va imprimiendo los recuerdos
Y hace también una canción para que vuelvas
Atardeció, y ya se va la claridad de mi cabaña
No siento luz en los rincones de mi alma
Pues ya no tengo todo lo que llevas dentro


Eres el arroyito que baña mi cabaña
Eres el negativo de la foto de mi alma
Eres agua bendita que crece en mi cultivo
Eres ese rayito que me calienta el nido

Yo solo quiero ser el dueño de tu amor
Yo solo quiero ser el dueño de tu risa
Para encontrarte y devolverte el corazón
Y me acompañes por el resto de mi vida


Eres el arroyito que baña mi cabaña
Eres el negativo de la foto de mi alma
Eres agua bendita que crece en mi cultivo
Eres ese rayito que me calienta el nido

jueves, 10 de junio de 2010

OJOS DE PERRO AZUL, (está escrita la frase)



Y en la calle iba diciendo en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderla:

«Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul». Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido: «Ojos de perro azul».

(...)

«Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte ―dije― . Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuáles son las palabras con que puedo encontrarte». Y ella dijo: «Tú mismo las inventaste desde el primer día». Y yo le dije: «Las inventé porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la mañana siguiente . Y ella, con los puños cerrados junto al velador, respiró hondo: «Si por lo menos pudiera recordar ahora en qué ciudad lo he estado escribiendo».

El Gabo porfió su insinuante acoso, ahora cada vez que te sueño creo que estas cerca, demasiado cerca.Como si la frase estubiese escrita en el cristal de la ventana, derritiendose en escarcha, y esa ciudaddonde escribo fuese coincidencialmente esta.

MACONDO



En Macondo comprendí,
que al lugar donde haz ido feliz
no debieras tratar de volver.
J.Sabina


Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».

La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mirándome ahora al final de una ida y vuelta de luz matemática. La vi seguir mirándome con sus grandes ojos de ceniza encendida: mirándome mientras abría la cajita enchapada de nácar rosado.