martes, 30 de octubre de 2012

La resistencia como homenaje


Los días posteriores a la fecha constitucional de la creación del diario La Hora están insertos a la médula vital de la historia democrática del Ecuador, sin duda, en este mismo concierto su accionar ético de gran valía aportó a derechos fundamentales como la libertad de expresión, la militancia, motivadores de la labor tesonera de quienes sostienen este proyecto denodado y visionario de que el periodismo no es una travesura de rebeldes sin causa. Es el manejo de realidades, con apoyo en la palabra y en la responsabilidad que apunta a la dignidad.
Su sola presencia en estos años como accionar regional y provincial sustenta los principios del liberalismo ecuatoriano y se compromete con la defensa de la libertad de expresión, opinión, información, en tiempos difíciles como los actuales donde el acoso y otros excesos del poder advierten la resistencia y la dignidad.
Latacunga en su constitución y sentido de la democracia o de las democracias, como define A. Touraine, ve consolidada en la creación de su primer periódico y es a Carlo Cassola a quien se debe la fundación en Latacunga de La Civilización “periódico científico artístico agrícola, metalúrgico, manufacturero, comercial y literario”, que salía cada quince días y que circuló 1856.
Carlo Cassola di Lucca, científico y educador, nació en Nápoles el 3 de noviembre de 1.828. El 3 de noviembre de 1.855 llega a Latacunga, contratado por el Gobierno del Ecuador para la creación de la cátedra de Química y Física en el colegio de San Vicente (actual “Vicente León”).
“La Civilización” publicó su primer número el 1° de noviembre de 1856, además de ello instaló los laboratorios de física y química en el mencionado colegio. Desde un principio el Profesor Cassola logró establecer agencias fuera de Latacunga, en Quito, Ibarra, Otavalo, Esmeraldas, Ambato, Riobamba, Guano, Cuenca, Guayaquil, Loja, Manabí, y Guaranda, dando pruebas de su increíble dinamismo.
Con anterioridad, en 1851, se habría fundado en Latacunga el periódico “Restauración”, de carácter político, cuyo lema era “atended más a lo que se os calle, que a lo que se os dice; a lo que se os oculta, que a lo que se descubre.” (Cramenín L.) cita del jurista francés que tuvo tanta influencia para la época.
Infortunadamente no existen ejemplares de este periódico donde sería obvio como la Biblioteca del Colegio Vicente León donde se editaba en su imprenta, ni en el museo de la casa de los Marqueses en Latacunga; a esta referencia corrobora Gustavo Pérez Ramírez, en su obra del Vesubio al Cotopaxi, debemos reafirmar la memoria como ineludible.

martes, 2 de octubre de 2012

Periodismo de ficción

La ficción y la historia se escriben para corregir el porvenir, para labrar el cauce del río por el que navegará éste, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. La historia y la ficción se construyen con las respiraciones del pasado y reescriben un mundo que creemos haber perdido. Cada vez las fronteras entre los dos géneros son menos claras.

El oficio de la escritura en ciernes permite poco tiempo para la reflexión, los condicionantes de la brevedad y la veracidad son cada vez desnutridos y ocasionales; este resultado no pretende en lo más mínimo la justificación la típica charlatanería sobre la ética o la deontología primaria del periodismo. Mas bien la queja general en el país, por ser menos incisivo en las localidades, carece del compromiso, la defensa, el ultraísmo o el “periodismo de investigación” a secas; Manuel Vicen confirma que “[...] ahora el periodismo ya es ficción. La sobreinformación que tenemos hace que lo que se sabe del mundo ya no sea real. Pero dentro de cien años, el que quiera saber lo que somos ya no tendrá que leer novela, porque el alma o la almendra de estos días es el periodismo. Una novela no puede competir con el telediario.”


La crónica, la entrevista, son géneros poco frecuentes por el oficio; al parecer la brevedad hace que nada trascienda incluso la “espectacularización” de la noticia convierte tan light todo lo escrito, o al extremo lo convierte en un síndrome social como el Alzheimer.

Durante el amanecer de la década de los 60, en América Latina y Estados Unidos comenzaron a publicarse relatos apegados fielmente a la realidad, pero narrados al estilo de una novela o de un cuento. Bajo el impulso de autores como el argentino Rodolfo Walsh con Operación Masacre (1957) y el estadounidense Truman Capote con A Sangre Fría (1965), surgió esa corriente narrativa conocida como Nuevo Periodismo, Periodismo Literario o Periodismo Narrativo.

La formación del periodista en cambio exigirá, más allá de la iniciativa de lo común en cultura general, que se conozca por lo menos la obra de Capote, y si seríamos más generosos con la construcción de la identidad los ensayos, o narrativa de Atanasio Viteri, la poesía descriptiva de Juan Abel Echeverría, por citas a palo de ciego, es decir por antonomasia.


Los Nuevos Periodistas que se sumergen donde pasan cosas, han de tomar contacto con desconocidos, se meten en sus vidas de alguna manera, hacen preguntas a las que no tienen derecho natural a una respuesta, pretenden ver cosas que no se tienen que ver, le esta dado ese premio así como la reivindicación en la palabra dicha.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Latacunga en la solapa del alma


La Academia Nacional de Historia del Ecuador es una de las entidades mayúsculas en el plano de la investigación, la intelectualidad acérrima militante e intachable de un manojo de ecuatorianos más preclaros, su tamizaje cuenta con nombres ilustres como el de Federico Gonzales Suarez, Jacinto Jijón y Caamaño, Celiano Monge, Julio Tobar Donoso, Jorge Salvador Lara, entre otros.

Su nacimiento, el de la Academia, está ligada a la celebración del primer centenario del inicio de la liberación política de nuestro país, para su centenario conmemorativo esta entidad mayor acertó en su compendio y narrativa histórica al latacungueño Franklin Barriga López (10 de junio 1945) publicada en la obra Historia de la Academia Nacional de Historia 1909 – 2009, bajo el sello editorial El Conejo.

Barriga López es una de las figuras más emblemáticas del pensamiento contemporáneo ecuatoriano e iberoamericano, humanista, consagrado escritor y diplomático se ha vinculado al arte la literatura y la historia en todas sus faces y géneros que van desde el estudio minucioso, la crítica literaria, el ensayo, la investigación y la historia como ciencia.

Este miércoles 26 de septiembre, a partir de las 12:00, en el Auditorio Manuel de Guzmán Polanco se realizará la Sesión Pública Solemne donde se le recibirá como Miembro de Número de la centenaria y prestigiosa institución al Dr. Franklin Barriga López, acto que regocija y enaltece por sobre cualquier canon el orgullo de pertenencia de este destacado intelectual latacungueño.

El valor de la amistad sobrepasa linderos deontológicos que van más allá de especulaciones, halagos, o generalidades; esta afirmación la mantengo por sobre el margen de lo estrecho que ha significado el legado de Barriga López. Integro, dedicado y de un espíritu innovador y sobre todo condescendiente a su patria chica, Latacunga; su entrega altruista por sobre todas las cosas al trabajo emprendido del proyecto bicentenario de la Libertad (1809 – 2009) cuyo objetivo sigue siendo el rescate de la identidad, la cultura y la historia de Cotopaxi.

En hora buena por este reconocimiento de tan noble entidad por sumar entre sus miembros a un latacungueño que ha confesado hasta la saciedad que lleva a Latacunga inserta en la solapa de su alma.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Sobre los Valores humanos

La limitada producción literaria en Cotopaxi genera hálitos cada vez más comprometidos y alentadores, respuesta necesaria y urgente sobre la praxis política de nuestra cultura: leer y crear, decir con las palabras lo que somos, identificar con el índice del orgullo cívico los rincones y los nombres de los verdaderos valías humanos.

La publicación de la editorial Casa de la Cultura de Cotopaxi del libro “Valores humanos en Cotopaxi” insufla de generosa nueva sangre editorial a las letras locales.

Su autor, Paúl A. García Lanas (Latacunga - octubre de 1965), ha dedicado parte vital a la investigación de la historia social local; la publicación de un puñado de hombres y mujeres de Cotopaxi, que como advierte su autor acierta al vertiginoso andamio de la modernidad con el auxilio de la imagen para que las generaciones actuales puedan identificar así el rostro de los ausentes, de los anónimos, porque para muchos son desconocidos una pléyade de nombres a veces circunscritos a la nomenclatura de ciertas calles.

Acertado y devoto García demora su reflexión sobre la urgencia de reconocernos, reconocer el legado, la filantropía, el altruismo, el intelecto, el civismo y desprendimiento a salvaguarda de los destinos de la tierra que los vio nacer o que los acogió como sus más íntimos hijos.

Más allá de vanaglorias, de lisonjas o apresurados decoros para salvar la amistad está la dignidad y la honestidad, está esa honestidad intelectual de demostrar en la acción lo que a veces corroe la charlatanería, porque resulta condescendiente finalmente hacerlo; en buena hora por el esfuerzo compilatorio en pequeñas semblanza de ilustres ecuatorianos nacidos en Cotopaxi.

Que el esfuerzo editorial contamine la iniciativa de otras entidades encargadas de tales fines: la educación en valores, en ejemplos y testimonios de vida.

martes, 4 de septiembre de 2012

Religiosidad y pertenencia

Desde varios años se ha institucionalizado una peregrinación hacia la piedra Chilintosa como parte de los eventos que recuerdan a los feligreses el agradecimiento a la patrona del volcán la Virgen de Mercedes; varias familias caminan hacia este lugar perteneciente a la parroquia Mulaló y que tiene una rica historia tradicional.

La Chilintosa es una enorme roca que fuera arrastrada por el aluvión de Cotopaxi en el año de 1.877. Antiguamente se lo llamaba también “Quilindusi”; la lava incandescente fundió parte de las nieves eternas del volcán y en pocas horas se precipitaron por los declives de la montaña 45 ?000.000 de metros cúbicos de masa, de peñascos y ceniza. La fuerza del aluvión arrojó a la meseta rocas gigantes conocida como la “Chilintosa” o “Silintosa”. Esta gigantesca mole esta cercana al volcán Cotopaxi en el valle de pedregal, parroquia Mulaló, por los años treinta del siglo pasado el pintor dominico fray Enrique Mideros pintó al óleo en un lado de la piedra la Virgen del Rosario que prevaleció hasta que se lo tapó sustituyéndole por la Virgen de las Mercedes, hecho que lo realizó el pintor Milton Alajo.

Cuando se mantenía la imagen original de la Virgen del Rosario pintada en 1932 por Mideros el artista gozaba de ser el pintor mimado de intelectuales tradicionalistas, la iglesia y el público de la clase media y popular, como se sabe tradicional y conservador.

Refiere Hernán Rodríguez Castelo en ‘Panorama del Arte’ que la década de los 30 marcó en su arte un cambio notable por cuanto la idea de los milenios y de los presagios aparecen en sus cuadros y se tornan una constante que se repetirá hasta el final de sus días, con lienzos de vigor expresivo y cromatismo radiante, en esta década comenzó los lienzos que decoran la iglesia de la Merced en Quito.

Este particular debe ser considerado para el análisis sobre el rescate de este bien patrimonial de uno de los artistas plásticos emblemáticos de nuestro país; bien que sin consentimiento previo fuera alterado, los lugareños y varias fotografías testimonian sobre la presencia de la imagen de la Virgen del Rosario de Mideros en la piedra Chilintosa, fuera de romanticismo o simple sugerencia ojalá y se pueda recuperar esta obra con el tratamiento adecuado.

martes, 28 de agosto de 2012

Latacungueñidad: identidad y legado

¿Somos lo que elegimos ser definitivamente? este axioma sartreano sobre la conciencia intencional ha provocado críticas de la opinión pública por la representatividad del ser y sentirnos latacungueños.
La conciencia fenomenológica del gentilicio del que ha nacido en la urbe connota un legado que por antonomasia hemos aprendido en canciones cívicas: Latacunga cuna de los más denodados, los filántropos, sabios y grandes dice el himno de la ciudad.

Solidarios, emprendedores, hospitalarios, cotidianos, amables, cultos, comprometidos, amantes de la tierra que los vio nacer, altruistas, defensores, aguerridos, son extensos los cualitativos para identificar al latacungueño.

Y de sus valores el mayúsculo ícono de identidad es el de aquel que “nació hijo de este pueblo y terminó haciéndose padre de él”, la del latacungueño Vicente León y Argüelles.

Escuché decir a un entrañable latacungueño en la vorágine de una oración fúnebre con acierto que Latacunga es una ciudad propicia y hermosa para vivir, para nacer en ella, que es también una ciudad donde morir, su afirmación reflejada por la tremenda solidaridad del prójimo (del latacungueño) en tales circunstancias.

Ser latacungueño es sinónimo de orgullo y dignidad, es conocer los valores humanos y su legado, seguir el ejemplo marcado de ilustres ciudadanos quienes sirvieron desde distintos escenarios del país a los caros intereses de la verdadera democracia y el renombre de su ciudad natal. El latacungueño es aquel que se ha quedado a vivir la ciudad, a defenderla con su honestidad, respeto y trabajo.

Ad portas de las celebraciones de los latacungueños preocupa como los esfuerzos organizativos, las intenciones, y el buen curso de esta festividad ha marginado el verdadero sentido de devoción, tolerancia, y representatividad de lo que somos.

Latacunga, la ciudad, son sus hijos, sus habitantes, todos quienes en el día a día entregan su mayor esfuerzo, libres de egos falsos, arribismos o excesos. La latacungueñidad no es simplemente un gentilicio, una adjetivación del ciudadano, es saber serlo y sentirlo definitivamente.

lunes, 27 de agosto de 2012

Latacunga patrimonial

Las ciudades convergen ante el abrumador paso del tiempo, crecen en demografía y se expanden en geografía, la movilidad y el urbanismo optimizan concepciones claras de desarrollo y modernidad; con el paso de los años muchos de los edificios patrimoniales han sufrido un deterioro considerable lo que implica una pérdida de la memoria histórica del lugar.

El 25 de Mayo de 1.982 el Dr. Rodrigo Pallares Zaldumbide, Director Nacional del Instituto de Patrimonio Nacional suscribió la Declaratoria del Centro Histórico de Latacunga como bien perteneciente al Patrimonio Cultural del Estado.

Título que goza la ciudad de San Vicente Mártir de Latacunga bajo ciertas consideraciones que a la par deben ser reivindicadas en el proceso integral de la identidad, de las identidades.

Meritorio calificativo que fue otorgado a la ciudad por su ancestro histórico y cultural de importancia en el contexto de Capitales Provinciales del Ecuador, porque su Centro Histórico constituye fundamentalmente una importante muestra de la arquitectura colonial y republicana que posee características de gran calidad artística como conjunto urbano y un entorno paisajístico invalorable que deben ser preservados, conservados, restaurados y revalorizados para ponerlos en función social.

El plan Vive Patrimonio, proyecto del Ministerio Coordinador de Patrimonio del Ecuador, ha considerado sus esfuerzos para que ciertas edificaciones sean tratadas en esfuerzos interinstitucionales comunes orientados a la intervención.

Se conoce que el edificio de la Gobernación de Latacunga será intervenido en una restauración y rehabilitación arquitectónica bajo este plan. El edificio sede del Ejecutivo Provincial fue construido sobre una planta colonial que, en los albores de la independencia, fue propiedad de Baltazara Terán Garzón. Sobre el particular esperamos con gran expectativa que el tratamiento de dicha rehabilitación involucre y considere la integralidad de la sociedad latacungueña y cotopaxense.